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Prácticas de personas efectivas: proactividad

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Gestión empresarial

Stephen R. Covey ha sido uno de los expertos más importantes del mundo en cuestiones de gestión o management y liderazgo. Asimismo, es el autor del conocido libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, el cual aporta al lector detalles sobre técnicas de gestión, consejos y habilidades estratégicas para el desarrollo de su vida personal y empresarial.

El primero de esos hábitos o prácticas es “ser proactivo”. Este concepto se define como la actitud en la que una persona o una organización asume el control total y activo de su conducta. Esto implica la toma de iniciativa para desarrollar acciones audaces y creativas que conciban mejoras. La proactividad no es solo tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas ocurran, decidir lo que queremos hacer y cómo hacerlo.

El papel del empresario debe basarse en impulsar el cambio y el desarrollo de las organizaciones debiendo contar con las características y habilidades necesarias para lograrlo. Estudiar la visión y proactividad empresarial como variante de la cultura empresarial, es de gran importancia para la competitividad y permanencia de las pymes.

La conciencia y su capacidad de hacer uso de ella es una de las aptitudes que diferencia al ser humano respecto a las demás especies de la tierra. Se denomina “auntoconciencia” que se trata de la habilidad para pensar en los propios procesos de pensamiento. De esta forma, podremos aprender y analizar de nuestras experiencias como de las de los otros.

El hecho de ver el arquetipo de nosotros mismos es fundamental para la “efectividad” que influye no solo a nuestras conductas y actitudes sino también al modo en que vemos a las otras personas. Según Stephen R. Covey, hasta que no consideremos cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a los demás, no podremos comprender cómo ven ellos y lo que sienten sobre ellos mismos y sobre su mundo. Sin embargo, gracias a la singular capacidad humana de la autoconciencia, somos capaces de analizar nuestros prototipos para fijar si son principios basados en la realidad o están condicionados.

El espejo social

El espejo social es la visión “des-configurada” que pueden tener las personas de nosotros mismos por el conjunto de opiniones o percepciones que comenten o de las etiquetas que nos pongan. Covey especifica que estas versiones son, a menudo, “más proyecciones que reflejos”, es decir, que “proyectan las preocupaciones y las debilidades del carácter de las personas en las que se originan y no nos proporcionan un reflejo correcto de lo que somos”.

Estas convicciones pueden determinar nuestra forma de comportarnos. En realidad, hay tres mapas sociales, tres teorías que combinadas o independientemente pretenden explicar la naturaleza del hombre. Estos son:

  • El determinismo genético: explica que tu forma de ser es culpa de tus abuelos, tu ADN, tu genética y lo has heredado.
  • El determinismo psíquico: expone que la culpa es de tus padres. Tu educación y experiencias durante tu infancia establecieron lo básico de tus tendencias personales y conformaron tu carácter.
  • El determinismo ambiental: especifica que el culpable de tu actitud o de tu forma de ser es tu entorno más cercano, ya sea la pareja, hijos, tu economía o la situación política del país.

Covey explica que todos estos mapas se basan en la teoría de estímulo/respuesta y cuya idea principal es que “estamos condicionados para responder de un modo particular a un estímulo concreto”.

Entre estímulo y respuesta

Entre el estímulo y la respuesta se encuentra la denominada “libertad interior”, una fuerza mayor que sobrepasa todos los límites. Con ella, podemos ser capaces de trasladarnos a otro sub-consciente con el que soñar, imaginar y vislumbrar una realidad totalmente distinta a la que vivimos.

¿Qué relación hay entre la visión del empresario y la proactividad con que dirige su organización? ¿La estrategia empresarial es sólo un deseo que no culmina en la toma de decisiones del empresario?

A diferencia de los animales, asumimos numerosas capacidades además de la autoconciencia como la conciencia moral o la voluntad independiente que nos hace ser libres aunque otros asuman poder sobre nosotros mismos. En la medida que desarrollemos esas dotes nos dan todo el poder e influencia para “desplegar nuestro potencial humano”.

 [Tweet “Ser proactivo prevee acciones para cambios y crisis”]

La “proactividad” definida

Esta palabra aparece comúnmente en los manuales sobre dirección de empresas. Como tal, significa que, como seres humanos, “somos responsables de nuestra propia vida al igual que nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones”. En este sentido, las personas proactivas reconocen esa responsabilidad. En otras palabras, el directivo con personalidad proactiva cree que la persona diseña su propio entorno y destino.

Por otra parte, están las llamadas personas “reactivas” que se ven, a menudo, afectadas por su entorno y ambiente físico e, incluso, social. Si el tiempo va bien, se encuentran bien, si no… no, por lo que afecta a sus actitudes y a su comportamiento. Mientras que para las proactivas, pase lo que pase, no les supone ninguna diferencia o cambio emocional.

La proactividad es un aspecto característico de los empresarios exitosos, así como la necesidad de innovación, logros, independencia, entre otros.

Según concreta Covey, “la fuerza impulsiva de las personas proactivas reside en los valores y si su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no”.

Claramente, las personas reactivas son influenciables emocionalmente y actúan en consonancia y bajo la influencia de esas condiciones o circunstancias mientras que las personas proactivas tienen la capacidad de “subordinar los impulsos a los valores” al tiempo que no se dejen infravalorar para llevar a cabo sus acciones.

La gestión proactiva significa anticiparse, adelantarse, prever y vislumbrar acciones para cambios y crisis. Por otro lado, la gestión reactiva se entiende como el hecho de reaccionar a los cambios o crisis después de que estas suceden. Esto quiere decir que la gestión reactiva se caracteriza por la falta de planeamiento.

Tomar la iniciativa

La naturaleza humana se rige por la actuación, actuar y no que se actúe sobre nosotros. En este sentido, tomar la iniciativa se entiende como la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

Covey explica que durante muchos años ha asesorado a numerosas personas que querían conseguir un mejor empleo y les “he aconsejado mostrar más iniciativa” como por ejemplo: desarrollar un test de aptitudes e intereses, estudiar el entorno laboral y el sector al que quieren acceder, analizar las dificultades que atraviesan las organizaciones y, después, “elaborar una exposición efectiva para demostrar de qué modo sus capacidades pueden ayudar a resolver las dificultades de la organización”. Todo este trabajo se denomina “venta de la solución” y es un “paradigma clave del éxito empresarial”.

Anticipar la actuación empresarial para cualquier cambio es la principal característica de la gestión proactiva. Para alcanzarlo, la alta dirección de la organización debe trabajar conjuntamente con otras áreas. Esto también incluye realizar talleres de capacitación permanente para garantizar que todos los trabajadores de la entidad están preparados para enfrentarse a los cambios cuando sucedan.

Establecer y desarrollar un comportamiento proactivo en el empresario es básico para generar organizaciones que puedan competir en distintos y numerosos mercados. El directivo, a través de la proactividad, es capaz de responder a las necesidades del entorno a la hora de tomar decisiones y diseñar las estrategias.

En todo este proceso de análisis, las personas proactivas consiguen buscar soluciones a todos los problemas o dificultades que pudieran estar atravesando las organizaciones. “Toman la iniciativa de hacer siempre lo que resulte necesario, congruente con principios correctos, y finalmente, realizan la tarea”, puntualiza Covey es la característica que diferencia a las personas proactivas de las reactivas.

Actúe o deje que los demás actúen por usted

Para desarrollar la proactividad en una organización hace falta iniciativa. Pero ante tal disposición de hacer, debemos actuar y evitar que otros actúen por nosotros porque dependeremos de sus actuaciones.

Cuando se presenta una situación económica, ambiental, laboral o social difícil en el que los cambios van a peor y cuyo horizonte es oscuro, debemos afrontar la realidad y hacer trabajos de pensamiento positivo y automentalización. Hay que afrontar la realidad de las circunstancias del presente y las proyecciones respecto del futuro.

Las organizaciones, los grupos comunitarios y las entidades de todo tipo (incluidas las familias) “pueden ser proactivos, combinando la creatividad y los recursos que tengan para crear una cultura proactiva dentro de la organización”. Es decir, unificar intereses y actitudes para hacer frente a la situación para llevar a la práctica “los valores compartidos y alcanzar los propósitos compartidos de todos los individuos implicados”.

Si desea seguir conociendo aspectos de gestión y aplicarlos en su organización permanezca atento a nuestro blog y a nuestra sesión de cursos.

2 febrero, 2015

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